Cerdo-yo, el mundo rosa del consumo (2008)
Pig-I, the pink world of consumerism
En éste mundo rodeado de progreso y con su atención puesta en el agitado ritmo de la globalización y sus exigencias, la cultura del consumo juega un papel importante en la mecánica de las sociedades actuales.
Al parecer, ésta mecánica de consumo nos da una idea confusa pero directa de que todo se ha convertido en un objeto de consumo. El “adquirir” es el motor de la mayoría de los intereses del hombre contemporáneo, que, regido por ésta conducta de “enajenación consumista”, ha ido trasladando esta idea al resto de sus esferas de convivencia humana.
Aun así, el carácter “efímero” de la mayoría de los productos masivos ha hecho de ésta dinámica una acción repetitiva (casi insaciable) para la totalidad de los individuos de la cultura occidental.
La carne como producto industrializado y de distribución masiva es un claro ejemplo de esta “caducidad” acelerada de los productos que cumplen las expectativas compulsivas del mercado actual. Su poca durabilidad y pronta necesidad de ser adquirida nuevamente son características esenciales de la carne del animal más aprovechado por la industria (el cerdo), y que en su extensa variedad de presentaciones refleja su insaciable aprovechamiento. La carne de cerdo como “objeto” que nuestra sociedad devoradora consume se convierte de esta manera en un “medio” para obtener una metáfora del hombre que es devorado a su vez por su sociedad.
En conclusión, los escenarios que comparte el ser humano con el cerdo, por ser ambos carne y cuerpo, por la “explotación” a la que son sujetos y por ser ambos objetos de lucro para un sistema, no son más que reflejos de la intervención abrupta que, desde siempre, el hombre ha hecho sobre su entorno en una conciencia cada vez más voraz de controlar y dominarlo todo, inscrita en la memoria de su carne.
In this world surrounded by progress and focused on the restless pace of globalization and its demands, consumer culture plays an important role in the mechanics of contemporary societies.
Apparently, this consumerist mechanism gives us a confusing yet direct idea that everything has become an object of consumption. “Acquisition” is the driving force behind most of the interests of contemporary man, who, governed by this behavior of “consumerist alienation,” has gradually transferred this idea to the rest of his spheres of human interaction.
Even so, the “ephemeral” nature of most mass-produced goods has turned this dynamic into a repetitive (almost insatiable) action for the entirety of Western culture.
Meat, as an industrialized and mass-distributed product, is a clear example of this accelerated “expiration” of products that satisfy the compulsive expectations of today’s market. Its short durability and the prompt need to acquire it again are essential characteristics of the meat of the animal most exploited by the industry (the pig), whose extensive variety of presentations reflects its relentless exploitation. Pork, as an “object” consumed by our devouring society, thus becomes a “means” through which to obtain a metaphor for the human being, who is in turn devoured by his own society.
In conclusion, the scenarios shared by human beings and pigs—both being flesh and body, both subjected to “exploitation,” and both serving as objects of profit within a system—are nothing more than reflections of the abrupt intervention that humanity has always imposed upon its environment, driven by an increasingly voracious desire to control and dominate everything, inscribed in the memory of its flesh.
-Gonzalo García